Agustín repitió:
-¡Dije que va todo lo que tengo a cambio de sus casas y lo que hay sobre la mesa! Aún hubo un momento de vacilación; pero el viejo, casi fuera de sí, sin saber por completo lo que hacía, empujó el oro hacia el centro de la mesa diciendo:
-¡Va!
Este ya temblaba; era un ruego, un sollozo, un lamento de desgracia.
Bastaron unos cuantos minutos, increíblemente cortos, para que el viejo Melquíades se quedara completamente en la calle, para que dejara de ser propietario del último adobe de sus casas.
No soportó tan terrible golpe. Primero no quiso creer lo que ocurría y luego se desplomó sin sentido, casi muerto.
Como por encanto, el estado de ánimo de Agustín cambió totalmente y sonriendo devolvió a los presente cuanto le habían prestado. Pidió vino para todos y salió con ellos a recorrer calles escandalizando. Llegaron a la casa del notario del pueblo.
-¿Qué sucede? ¿Por qué me despiertan a estas horas? -gruñó enfadado el profesionista asomándose por una ventana enrejada.
-Mire, licenciado -contestó Agustín-, vengo para que me haga el favor de arreglar el papeleo de las propiedades de don Melquíades. Ahora son mías y quiero ponerlas a nombre de los inquilinos. A la viuda de Manrique le da usted la casa que antes tenía, de donde la echaron, y también la de la esquina, que ahora está vacía.
-¿Estoy soñando? ¡No entiendo una palabra de todo ese enjuago! ¿Cómo ha llegado usted a ser el dueño de esas fincas?
-Después le aclaro lo que guste, licenciado, pero ahora arregle el asunto como le he dicho, y que sea a primera hora...
-¿Dice usted que la casa de la esquina es para la viuda? ¿Y qué va ha hacer esa mujer con semejante caserón? -interrumpió el notario.
-¿Qué hace usted con el suyo? -preguntó maliciosamente Agustín.
No hubo más explicaciones, porque la pandilla de borrachos se retiró cantando, gritando y echando balazos al aire.
Esto motivó que varios vecinos pidieran el auxilio de la policía y los escandalosos fueron encarcelados.
Pero es el caso que en las primeras horas de la mañana en que se supo lo ocurrido, doble cantidad de vecinos, y muy particularmente los inquilinos, nuevos propietarios, invadieron las oficinas de policía exigiendo la inmediata libertad de los detenidos.
-¡Ese Agustín Callado se va convirtiendo en una especie de leyenda! -comentaba alguien en la taberna.
-Yo estuve presente en el juego -repuso otro- y estoy seguro de que todos sus aspavientos fueron puras payasadas para engatusar al pobre viejo, que a estas horas se estará muriendo. Hubo jugadas tan torpes que no eran ni de un principiante.
-¿Luego cree usted que todo fue premeditado?
-¡Absolutamente! Y ahora se dice que desde hace tiempo Agustín tenía entre ojos a Melquíades, y que le colmó el plato el día que lanzaron a la viuda.
-De todas maneras estuvo en peligro de quedarse en la calle. Imagínese que le hubieran salido mal las cosas, ¿qué habría hecho? Pero lo más probable y que todavía me admira que no haya ocurrido, es que el viejo no se retirara antes de llegar a ese extremo.
-Todo eso era probable; pero ya lo conoce usted, así es Agustín de despreocupado y payaso. Está muy poco pegado al mundo.
El pueblo de Cobán está situado en un terreno accidentado y pedregoso, sus calles son torcidas y descuidadas. Es el centro comercial de vasta región y por su proximidad a la frontera tiene gran movimiento.
Agustín no vivía en el pueblo; habitaba en la finca cafetera de su padre, distante de Cobán una hora a caballo.
Diariamente iba de la finca al pueblo, y en la noche o en la madrugada del pueblo a la finca.
El padre de Agustín, hombre enérgico, pero amable en el fondo, ya había agotado todos los medios de persuasión para que el hijo volviera al buen camino. En un principio le pegó y hasta llegó a echarlo de la hacienda, pero se opuso Josefa, la madre. Después trato de ganárselo por la buena, con palabras, ejemplos, doctrinas y, en fin, con todo lo que suponía le daría buen resultado.
Los hechos de la noche anterior se supieron en la finca con todos sus detalles a primera hora del día, y el padre, la madre y Joaquín, el hermano mayor, hacían comentarios, a cual más lleno de justificada indignación, aunque el padre, en el fondo, sentía cierto orgullo que no se atrevía a expresar.
Estos tres personajes esperaron inútilmente todo el día con las palabras de reprimenda en la punta de la lengua para soltarlas en cuanto llegara el perdulario; pero éste no se presentó. Y seguros estaban de que aquella noche tampoco iría a dormir cuando los perros del patio empezaron a ladrar anunciando la presencia de alguien; luego se callaron y no volvieron a molestar.
Agustín se había detenido en la garita del vigilante nocturno y allí permaneció charlando hasta que los perros, haciéndole fiestas, le reconocieron y se aquietaron. Luego, deslizándose entre las sombras, saltó por la ventana y se tendió en la cama. Joaquín oyó ruido, y sospechando, puesto que no era la primera vez que sucedía, fue a la recámara de Agustín y, al verlo aparentemente roncando, se puso en jarras y empezó la catilinaria:
-¡No hagas papelitos! ¡Acabas de llegar y supongo que vienes borracho!
Hubo un breve silencio y luego, enderezándose Agustín en la cama, preguntó ingenuamente:
-¿De dónde salen esas deducciones?
-Sencillamente de que sólo un borracho puede acostarse vestido con todo y botas.
-Vaya, hombre, eso está más sencillo de lo que me imaginé... Oye... ¿está muy enojado mi papá?
-¿Enojado? ¡Está furioso! Está arrepentido de haberte dado tu herencia y jura que va a ver la manera de deshacer lo hecho.
-¿Quitarme la herencia?
-¡Eso es!
-Entonces te la pasaría a ti, puesto que no tengo más hermanos, y por mi parte... ¡conforme!
¿Sabes una cosa? Eso de tener propiedades complica la vida, obliga a que uno se sienta un poco responsable, tiene que estar pensando en muchas cosas, sobre todo, en cómo fregar a los demás para sostener la propiedad... Por otra parte, si tú te quedas con ella sé que tengo asegurada casa y comida, mientras que del otro modo, en un chico rato no tengo nada.
-¡Claro, con barbaridades como la de anoche, pronto te quedarás hasta sin pellejo!
¡Jugar la finca a una carta...! Eso es lo más ridículo que un hombre puede hacer.
-No digo que no, ¿para qué?, al fin es cierto. Pero ¡si vieras las ganas que tenía de torcer a ese viejo tacaño! ¿Para qué quiere el dinero si está ya por clavar el pico y no tiene a quien dejarle sus riquezas? ¡Ahora sí sirven de algo!
-¡No te comprendo! ¿Qué te importan las viudas con hijos y que otros sean ricos a costa de la miseria de sus semejantes? Así es la Humanidad, y seguirá siendo. Creo que se cumple con Dios siendo justo y equitativo con los demás, pero sin ir a extremos quijotescos que pueden costar hasta la vida.
-¿Y qué es la vida? ¿Vale más el dinero que la vida? Nuestro abuelo vino de Castilla y pasó privaciones sin cuento para levantar esta finca y crear una riqueza para sus descendientes y... ¿que ha sucedido? Mi padre y su hermana se convirtieron en esclavos de la propiedad para sostenerla; y tú, eres otro esclavo sin libertad, porque siempre hay algo que cuidar, tantos más cuantos pesos que pueden perderse si se les quita la vista de encima.
-Eso no sería si tú te preocuparas un poco; pero en vez de ayudar en el trabajo vas a quitar el tiempo a la peonada, retozando con ellos de igual a igual.
-¿Luego no somos iguales? ¿Hay médicos especializados en blancos y otros en indios porque las anatomías sean diferentes?
-No digo eso, hombre, no me exasperes. No te hagas el inocente, no somos iguales socialmente hablando. Y basta de discusiones tontas. Debes corregirte, te estás convirtiendo en la vergüenza de la familia, debes sentar cabeza...
-Ya vas a empezar con la cantaleta de mi madre: que me case, ¿no es eso?
-Ella tiene razón y no debes discutirla.
--Nunca he pensado que no tenga razón, se la concedo; pero es el caso que no siento ganas de casarme.
Estas discusiones eran frecuentísimas. Agustín callaba a su madre a besos; al padre se le escondía y volvía a las andadas.






19 nov 2010 | 09:12 PM
abril-ale
Pienso que Agustín hizo lo justo, el avaro no tenía compasión por despojar a las personas de sus propiedades y finalmente fue despojado de ellas en una apuesta.
El personaje de agustín me recordó a un pariente muy cercano a mí.
Gracias por compartir la historia.
Saludos.
20 nov 2010 | 04:22 AM
Maga
Pfff para eso sirven los bienes nomás. Para despertar envidias y para que los herederos se los peleen..
Buena historia, sin embargo, Agustín jugando al Chucho el Roto..
: )
Un beso y que frío llegó este año muy pronto.
20 nov 2010 | 06:15 PM
JacK CroW
Abril.- Me alegra que te haya gustado la historia y creo que es una historia de justicia..
Saludos que tengas un buen fin de semana :)
20 nov 2010 | 06:29 PM
JacK CroW
Maga.- Pos asi está la historia que conste que yo no la inventé jejej.. y si hay personas que no les importa perder todo en los juegos de apuestas, (jajaj puse apuestas porque no recordé como se escribe azar, azhar o como sea, va un chiste con respecto a eso.. :P)
Hicieron una redada de jotos en un pueblo del estado, muy fregado, había muchos,
y le dijo el alcalde al secretario: -Me los deja ir y me los cita a todos para el jueves ..
-el secretario le contestó -oiga señor alcalde como se escribe "jueves" con "v" o con "b"?
-le respondió el alcalde eeemmm bueno citámelos para el lunes ...
jajaja par de burros :P
Y es verdad ya acá está también frío, ya me imagino como estará en diciembre ..
Igual, buen fin de semana :)
21 nov 2010 | 05:40 AM
Maga
hmm han de haber citado al Vampiro extinto también. jijiji
UN beso y no me interrumpas que voy a postear la fiesta de Xto. Rey.
22 nov 2010 | 07:38 PM
JacK CroW
Maga.- No te interrumpo jejej voy a ver tu post un abrazo ;)
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